América del Sur · Naturaleza
— Lo que vivirás —
Tres momentos que te llevamos a vivir
Uno de los pocos glaciares del mundo que sigue creciendo. Verlo desde las pasarelas, escuchar los crujidos del hielo y presenciar el desprendimiento de un bloque es una experiencia que no tiene equivalente en ningún otro lugar del planeta.
Una ciudad que no se agota. Palermo, San Telmo, Recoleta y La Boca son barrios con identidades tan distintas que parecen ciudades separadas. La gastronomía, el tango y la arquitectura hacen que tres noches sean el mínimo razonable.
Los lagos azules, los bosques de coihues y los picos nevados de la Patagonia andina forman uno de los paisajes más impresionantes de América del Sur. Bariloche es la base perfecta para explorarlo con calma.
Argentina es uno de esos destinos que lo tiene todo y no necesita venderse. La amplitud del país obliga a elegir, y esa elección es casi siempre la parte más interesante del diseño del viaje: ¿Buenos Aires y Patagonia? ¿Mendoza y sus bodegas? ¿El norte argentino con sus quebradas de colores? Cada combinación construye un viaje completamente diferente.
Lo que une todos los itinerarios es la calidad de la experiencia. Buenos Aires es una ciudad que sorprende por su profundidad cultural, su gastronomía y su ritmo nocturno. Mendoza ofrece uno de los mejores vinos del mundo servido en paisajes con la Cordillera de los Andes de fondo. Y la Patagonia, sea en El Calafate, El Chaltén o Bariloche, tiene esa escala y esa luz que solo tienen los lugares al final del mundo.
Conocemos Argentina en profundidad y trabajamos con guías y operadores locales que llevan décadas en el terreno. Si quieres construir tu viaje desde cero, el primer paso es siempre el mismo: una conversación.




El vuelo desde Madrid llega de madrugada. Traslado privado al hotel en Recoleta o Palermo. Mañana tranquila para ajustar el horario. Primera tarde en el barrio, primer asado y el primer malbec del viaje.
San Telmo, La Boca, Recoleta y Palermo. Buenos Aires se recorre a pie y sin prisa. Por la noche, una milonga de barrio donde el tango se baila de verdad, no para los turistas. Una de esas experiencias que marcan la diferencia entre pasar por una ciudad y entenderla.
Ushuaia es la ciudad más austral del mundo, encajada entre la cordillera y el canal de Beagle. El vuelo desde Buenos Aires dura tres horas y medio y ya en el descenso el paisaje es espectacular. Tarde paseando el puerto y primera vista al canal con los cerros nevados de fondo.
Navegación por el canal de Beagle hasta las islas de los lobos marinos y las colonias de cormoranes. Por la tarde, el Parque Nacional Tierra del Fuego: el único parque nacional argentino con costa marítima, donde el bosque subantártico llega hasta la orilla. El Tren del Fin del Mundo como cierre del día.
Vuelo al norte, hacia El Calafate y la Patagonia de los glaciares. Llegada y tarde tranquila con vistas al lago Argentino. La Patagonia tiene esa escala y ese silencio que solo tienen los lugares verdaderamente grandes.
Llegada temprano a las pasarelas antes de que lleguen los grupos. El frente del glaciar mide tres kilómetros y se eleva 60 metros sobre el lago. El sonido de los crujidos, la espera del desprendimiento de un bloque y la navegación opcional frente a la cara sur completan una jornada que no necesita más.
El vuelo desde El Calafate a Bariloche sobrevuela los Andes y baja hacia los lagos azules de la Patagonia andina. La llegada con el Nahuel Huapi enfrente es uno de los momentos más hermosos del viaje. Tarde para instalarse en el Llao Llao y disfrutar de las vistas.
El Circuito Chico recorre los lagos, bosques de coihues y miradores más hermosos de la zona en 65 kilómetros. Sin prisa, con paradas largas. Por la tarde, la ciudad y sus chocolaterías artesanales de estilo alpino. El cerro Campanario al atardecer para la mejor panorámica del lago.
Vuelo a Mendoza, la capital mundial del malbec. Llegada y tarde en una bodega boutique del Valle de Uco con cata y almuerzo entre viñedos a 1.000 metros de altitud. La Cordillera nevada en el horizonte y el vino en la copa es una combinación difícil de superar.
Mañana para visitar una segunda bodega en Luján de Cuyo o una excursión por la ruta del Aconcagua hacia el Puente del Inca a más de 2.700 metros. Por la tarde, regreso y última cena mendocina antes del vuelo a Iguazú.
Vuelo desde Mendoza o Buenos Aires a Puerto Iguazú. Llegada y primera tarde libre junto al río. Las cataratas se reservan para los dos días siguientes: un lado cada día, sin mezclarlos, para que cada visita tenga su propio ritmo y su propia experiencia.
El lado brasileño ofrece la visión panorámica: el paseo sigue una pasarela elevada frente a la cortina de agua completa, con las 275 cascadas en perspectiva. Es el lado de la fotografía, el de la escala. El Salto Floriano y el Salto Deodoro son las cascadas más accesibles, y el mirador del Poço Preto da la mejor vista de conjunto. Una experiencia que no se termina de asimilar hasta después.
El lado argentino es el de la inmersión: los circuitos recorren la selva por dentro, las pasarelas se adentran entre las cascadas y la Garganta del Diablo —la caída más espectacular de todo el sistema, con 82 metros de altura— se visita desde arriba, con el agua atronando a los pies. Es el lado de la emoción, el que moja y el que no se olvida. Cada lado cuenta algo diferente; los dos juntos cuentan la historia completa.
Vuelo desde Puerto Iguazú a Buenos Aires para la conexión con el vuelo internacional. Argentina deja siempre pendiente algo: el norte —Salta, Jujuy, la Quebrada de Humahuaca— es el capítulo que muchos viajeros se reservan para volver. Y casi todos vuelven.
La mejor época para la Patagonia: días largos, glaciares accesibles y condiciones óptimas para trekking en el Calafate y El Chaltén. Buenos Aires también está en su mejor momento, con temperaturas agradables y la ciudad en plena actividad.
El otoño en Bariloche y la Patagonia andina es extraordinario: los bosques de lengas y coihues se tiñen de rojos y dorados y la luz es de una calidad que los fotógrafos conocen bien. Menos viajeros y precios más ajustados que en verano.
La Patagonia en invierno es fría y ventosa, con algunos accesos cerrados. Buenos Aires, en cambio, está en su mejor momento cultural: teatro, gastronomía y la ciudad en un ritmo más local. Bariloche tiene nieve y temporada de esquí.
Documentación: Los ciudadanos españoles no necesitan visado para entrar a Argentina. El pasaporte debe tener al menos seis meses de validez. En los últimos años el país ha tenido fluctuaciones cambiarias importantes; te informamos de la situación actualizada antes del viaje.
Moneda y cambio: La moneda es el peso argentino (ARS). La situación cambiaria del país puede variar. Recomendamos informarse bien antes del viaje sobre la mejor forma de gestionar el dinero en destino. Te asesoramos con la información más actualizada.
Distancias y vuelos internos: Argentina es enorme. Las distancias entre Buenos Aires, Mendoza, El Calafate y Bariloche son muy grandes para hacerlas por tierra. Los vuelos domésticos son imprescindibles y conviene reservarlos con antelación, especialmente en temporada alta.
Equipaje para la Patagonia: El clima patagónico puede cambiar en cuestión de horas. Capas técnicas, cortavientos, impermeable y calzado de trekking son imprescindibles independientemente de la época del año. Te enviamos una lista de equipaje detallada al confirmar el viaje.
Gastronomía: Argentina tiene una de las mejores gastronomías de América del Sur: el asado, el malbec de Mendoza, los alfajores artesanales y los helados de estilo italiano en Bariloche son parte indisociable del viaje. No hace falta buscarlos; aparecen solos.


Argentina es un país muy grande y conviene no intentar abarcarlo todo en un solo viaje. Con diez noches se puede combinar Buenos Aires, Mendoza y la Patagonia con calma. Para añadir el norte argentino —Salta, Jujuy y la Quebrada de Humahuaca— necesitas entre dos y tres días más. Te ayudamos a priorizar según lo que más te interesa.
Un viaje a Argentina de diez noches con vuelos, traslados privados, hoteles seleccionados y guías locales parte desde 3.100 € por persona. El precio varía según la época, el tipo de alojamiento y los destinos incluidos. En Davalia elaboramos una propuesta personalizada sin coste ni compromiso.
Sí, y son combinaciones muy naturales. La Patagonia chilena —Torres del Paine, Puerto Natales— se combina perfectamente con El Calafate en el lado argentino. Uruguay queda a apenas un ferry desde Buenos Aires y permite añadir Colonia del Sacramento o Montevideo con muy poco esfuerzo logístico.
El Perito Moreno puede visitarse todo el año, pero la mejor época es de octubre a abril: días largos, accesos abiertos y condiciones ideales para las pasarelas y la navegación. Los desprendimientos de hielo son más frecuentes en verano, cuando el glaciar avanza con más fuerza.
Para un primer viaje a Argentina recomendamos combinar Buenos Aires con la Patagonia. Son dos experiencias radicalmente distintas — ciudad y naturaleza extrema — que juntas dan una imagen muy completa del país. Mendoza, con sus bodegas y los Andes, es una tercera parada que se puede añadir fácilmente en el mismo itinerario con un vuelo interno.
Para la Patagonia, la mejor época es de octubre a abril: días largos y condiciones óptimas para los glaciares y el trekking. Para Buenos Aires, casi cualquier época es buena, aunque la primavera austral (octubre y noviembre) tiene una luz y una temperatura especialmente agradables. En Davalia te asesoramos según el itinerario concreto que estés planificando.
— Hospedaje seleccionado —
Un palacio de 1934 en el corazón de Recoleta, el barrio más elegante de Buenos Aires. Jardines interiores, una bodega con más de 4.000 referencias argentinas y un spa que invita a alargar la estancia. El equilibrio perfecto entre el lujo clásico de la ciudad y la calidez argentina.
Villas privadas entre los viñedos del Valle de Uco, a 1.050 metros de altitud con vistas a los Andes. Tiene su propia bodega, restaurante con productos del huerto y un spa con tratamientos basados en la vid. Quedarse aquí una noche más de lo previsto es uno de los errores más habituales entre nuestros viajeros.
El hotel más icónico de la Patagonia argentina, construido en 1938 sobre una península entre dos lagos, rodeado de bosques y con el cerro Tronador nevado de fondo. Su arquitectura de madera y piedra, su spa con vistas al Nahuel Huapi y su restaurante con carta patagónica lo convierten en uno de los alojamientos más memorables de todo el continente.
Enclavado en el bosque subantártico sobre la bahía de Ushuaia, con vistas al canal de Beagle y los picos nevados de Chile al fondo. El único hotel de la ciudad que permite ver amanecer sobre el canal desde la cama. Su spa y su restaurante con cocina fueguina —centolla, cordero y frutos del bosque— hacen que quedarse sea más fácil que marcharse.
Una estancia patagónica a 25 kilómetros de El Calafate, en plena estepa con vistas al lago Argentino y los Andes. Sus 17 suites tienen ventanas de suelo a techo diseñadas para contemplar la inmensidad del paisaje desde dentro. El viento, la luz cambiante y el silencio forman parte de la experiencia. Una manera completamente diferente de vivir la Patagonia.
Catorce villas privadas en la selva misionera, dentro de la reserva privada que rodea el parque nacional. Cada villa tiene piscina privada y terraza sobre la selva, y el acceso privado al parque permite entrar a las cataratas antes y después del horario oficial. Los guías naturalistas del hotel convierten cada salida en algo que va mucho más allá de las pasarelas turísticas.
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