Vuestra propia odisea invernal
Vivir una luna de miel en Navidad es empezar vuestra historia rodeados de pura magia. Es una oportunidad para crear recuerdos imborrables en escenarios que parecen sacados de un cuento, descubriendo que la luz más cálida de la estación es, sin duda, el abrazo del otro.



Alsacia, Francia
Las ciudades y pueblos de Alsacia, como Estrasburgo y Colmar, parecen haber sido diseñados para la Navidad. Sus casas con entramados de madera se decoran hasta el último detalle, y sus mercados navideños están considerados entre los más bonitos del mundo. Pasear de la mano por sus calles iluminadas, bebiendo vino caliente (vin chaud) y probando los dulces locales, es una experiencia increíblemente romántica.


Baviera, Alemania
Imagina el castillo de Neuschwanstein, la inspiración de Disney, cubierto de nieve. La región de Baviera es la quintaesencia de la Navidad alemana. Desde los mercados tradicionales de Múnich hasta el encanto alpino de pueblos como Garmisch-Partenkirchen, todo aquí respira un ambiente festivo y acogedor. Una ruta por los castillos del Rey Loco en su versión invernal es un plan inolvidable.
Praga, República Checa
Praga en invierno es pura magia. Su arquitectura gótica se vuelve aún más dramática bajo una ligera capa de nieve. El mercado navideño de la Plaza de la Ciudad Vieja, con su imponente árbol y el reloj astronómico de fondo, es uno de los más espectaculares de Europa. Cruzar el Puente de Carlos casi en solitario en una mañana fría y neblinosa es un momento de intimidad y belleza que recordaréis para siempre.


