Paisajes de película y encanto colonial
El continente norteamericano ofrece escenarios grandiosos, de esos que te hacen sentir pequeño ante la inmensidad de la naturaleza. Es un viaje romántico a una escala monumental.




Banff, Canadá
En el corazón de las Montañas Rocosas canadienses, el Parque Nacional de Banff es una postal invernal continua. Imagina patinar sobre el hielo del lago Louise, con el glaciar Victoria y el imponente hotel Fairmont como telón de fondo. Podéis hacer senderismo con raquetas de nieve hasta cañones helados, disfrutar de las vistas desde las aguas termales de Banff Upper Hot Springs o simplemente acurrucaros junto al fuego en un lodge de madera. El paisaje es tan majestuoso que resulta sobrecogedor y profundamente romántico.
- Alojamiento romántico: Fairmont Chateau Lake Louise o el Post Hotel & Spa.
- Actividad clave: Un paseo por el Johnston Canyon para ver sus cascadas congeladas.
- Un toque de esquí: Las tres grandes estaciones de la zona (Mt. Norquay, Sunshine Village y Lake Louise Ski Resort) ofrecen nieve polvo de fama mundial.


Aspen, Colorado, EE. UU.
Aspen tiene una reputación de lujo, pero también alberga un alma increíblemente romántica y acogedora. Sus calles de estilo victoriano se iluminan bajo la nieve, creando un ambiente de película. Más allá de su famoso esquí, la ciudad ofrece galerías de arte, boutiques con encanto y una escena gastronómica de primer nivel. Un paseo en trineo tirado por caballos a través del bosque, seguido de una cena en un restaurante rústico en la montaña, es la definición de una velada perfecta para una luna de miel.
- Alojamiento romántico: The Little Nell o el Hotel Jerome.
- Actividad clave: Disfrutar del ambiente après-ski en la base de la montaña.
- Un toque de esquí: Cuatro montañas (Aspen Mountain, Aspen Highlands, Buttermilk y Snowmass) para elegir, cada una con su propia personalidad.
Quebec, Canadá
Si soñáis con el encanto de una ciudad europea pero sin cruzar el Atlántico, Quebec es vuestro destino. Su casco antiguo, el Vieux-Québec, declarado Patrimonio de la Humanidad, es aún más mágico bajo un manto de nieve. Pasear por sus calles adoquinadas, explorar el barrio de Petit Champlain con sus tiendas y bistrós, y maravillarse ante el icónico Château Frontenac es como entrar en un cuento. Es una luna de miel urbana pero con la calidez y el encanto de un pueblo de montaña.
- Alojamiento romántico: Fairmont Le Château Frontenac o el Auberge Saint-Antoine.
- Actividad clave: Patinar en la pista al aire libre de la Place D’Youville.
- Un toque de esquí: Cerca de la ciudad se encuentran estaciones como Mont-Sainte-Anne o Le Massif de Charlevoix.


